El hombre no es otra cosa que lo que él mismo se hace
Esta frase de Sartre parece calar hondo en la obra que lanzó a Oé a la fama, Una cuestión personal. Si cada hombre es lo que se hace, si la existencia precede a la esencia... ¿qué hacer con un hijo recién nacido con una ernia cerebral, que presentará retraso mental con todas las probabilidades? La respuesta de Bird, el protagonista, será escapar: escapar de su trabajo, de su mujer aún parturienta, de su suegra, de los médicos, de la vida. El sexo fácil y alcóholico de Himiko, solterona promiscua del carpe diem y antigua compañera de carrera, le supondrá un refugio momentáneo, pero poco duradero.
Bird no podrá escapar a esa angustial. Tampoco parece poder hacerlo Oé, cuyo hijo había nacido efectivamente con los mismos rasgos físicos que el de su protagonista. ¿Un ser humano que no puede pensarse y ubicarse en el mundo correctamente, es un ser humano? ¿Qué esencia configurará en su vida? Probablemente, no la que cualquier ser humano configura. Y esto angusta a nuestro autor, cuyas novelas frecuentemente han tratado de dar respuesta a estas preguntas, olvidando lo políticamente correcto para hacer filosofía a solas. Para quien le guste la esperanza, recordemos la entrañable relación que llega a establecer padre e hijo en Dínos cómo sobrevivir a nuestra locura, donde el padre llega a dudar de la correción del mundo creado por los humanos y se sumerge en el mundo y en las percepciones de su hijo. Porque si somos nosotros los que nos creamos, al fin y al cabo, ¿qué esencia es la correcta?
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