viernes, 27 de noviembre de 2009

Choque con el existencialismo

El hombre no es otra cosa que lo que él mismo se hace

Esta frase de Sartre parece calar hondo en la obra que lanzó a Oé a la fama, Una cuestión personal. Si cada hombre es lo que se hace, si la existencia precede a la esencia... ¿qué hacer con un hijo recién nacido con una ernia cerebral, que presentará retraso mental con todas las probabilidades? La respuesta de Bird, el protagonista, será escapar: escapar de su trabajo, de su mujer aún parturienta, de su suegra, de los médicos, de la vida. El sexo fácil y alcóholico de Himiko, solterona promiscua del carpe diem y antigua compañera de carrera, le supondrá un refugio momentáneo, pero poco duradero.
Bird no podrá escapar a esa angustial. Tampoco parece poder hacerlo Oé, cuyo hijo había nacido efectivamente con los mismos rasgos físicos que el de su protagonista. ¿Un ser humano que no puede pensarse y ubicarse en el mundo correctamente, es un ser humano? ¿Qué esencia configurará en su vida? Probablemente, no la que cualquier ser humano configura. Y esto angusta a nuestro autor, cuyas novelas frecuentemente han tratado de dar respuesta a estas preguntas, olvidando lo políticamente correcto para hacer filosofía a solas. Para quien le guste la esperanza, recordemos la entrañable relación que llega a establecer padre e hijo en Dínos cómo sobrevivir a nuestra locura, donde el padre llega a dudar de la correción del mundo creado por los humanos y se sumerge en el mundo y en las percepciones de su hijo. Porque si somos nosotros los que nos creamos, al fin y al cabo, ¿qué esencia es la correcta?

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